El amigo invisible de mi hijo ¿Motivo de preocupación?

imaginario

Cuando mi hija tenía 3 años, un día de primavera, al salir de la guardería, me dijo: “Mamá, dale la mano” “¿A quién?” Pregunté un poco sobresaltada, pues no había nadie a nuestro alrededor. “Al pingüino” “¡Ah claro!” respondí, cerrando mi otra mano en el aire. Y así llegó a casa el primer amigo invisible de mi hija. “Pingüi” era bastante juguetón y divertido. Había que columpiarle cuando íbamos al parque, ponerle plato en la mesa o prestarle juguetes. Si salíamos de viaje se quedaba tan a gusto en la nevera, pero a veces reaparecía en nuestro lugar de destino. De vez en cuando hacía una trastada y le explicábamos que algunas cosas no se deben hacer, mientras la niña escuchaba con atención. Dos años después “Pingüi” se fue de casa, seguramente con sus amigos del Polo Sur, de forma natural. Participar en este juego de la fantasía de mi hija me abrió posibilidades para mi comunicación con ella y para jugar juntas y también transmitirle ideas y normas.

El anterior es el testimonio de una madre de familia que como muchas otras se han enfrentado a la etapa del amigo imaginario que muchos niños suelen tener y que en algunos casos representa un verdadero motivo de preocupación, aunque como vimos con “Pingüi”, el efecto fue el contrario, pues hubo mayor entendimiento entre madre e hija.

Por lo general es entre los tres y los cinco años cuando suele presentarse esta situación y ciertos padres, al verse sorprendidos, llegan a consultar a psicólogos o pediatras, pensando que algo va mal en el desarrollo de sus hijos. A veces, estos mismos profesionales les transmiten ideas negativas acerca de este fenómeno, que es completamente normal y que, además, puede convertirse en un instrumento excelente para educar y relacionarse en familia.

No hay un perfil especial de niñas o niños que tienen un amigo invisible. No es algo exclusivo de hijos únicos, ni indicador de que pasen mucho tiempo en soledad. Es un descubrimiento que hacen de forma más o menos casual. Un juego más, único, específico, diseñado por ellos mismos a su medida. Y ocurre como con todos los demás juegos: si te gusta… sigues jugando.

¿Existe algún riesgo de que nuestro hijo confunda fantasía con realidad? Es poco probable, a menos que nosotros le demos al amigo invisible excesiva importancia y lo llevemos a uno de los dos extremos: intentar eliminarlo por completo, o sea, negar que existe o, por el contrario, tomarlo demasiado en serio.

Hay una película muy divertida llamada S.O.S: Familia en apuros que bien vale la pena ver, ya que dentro de la historia aparece un niño pequeño que tiene como gran amigo imaginario a un canguro que comparte con él varios momentos de su vida.

Género: Comedia (2012)