Educadoras: Una profesión estereotipada

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Sin lugar a dudas la figura del facilitador en el nivel preescolar está altamente estereotipada, pues algunas sociedades la consideran como ideal y casi exclusiva del género femenino. Las razones de esta situación tienen que ver con varios factores como son el razonamiento de que por el simple hecho de ser mujeres hay un gusto enorme por estar con los niños, algo que no siempre resulta ser cierto en todos los casos. Por otro lado se cree que el prepararse para esta carrera permite mayor tiempo para atender a la familia y con un horario más cómodo. Sin embargo, quizá lo más serio del asunto está en pensar que para llevar a cabo esta actividad no se requiere de conocimientos profundos, algo que desde luego es falso en su totalidad. Por ejemplo, existen países como Finlandia, Alemania o Australia donde se pone especial énfasis en la formación de educadores (hombres y mujeres) de este nivel, a diferencia de lo que sucede por lo menos en naciones de Latinoamérica en las cuales hay una creencia muy arraigada respecto a que los mejores educadores se encuentran enseñando sólo en las universidades.

Por lo anterior es que, al igual que como se entiende en muchas otras partes del mundo, hay que comprender que quizá el nivel educativo más importante sea el de preescolar, pues es precisamente esta etapa en la que se definen las pautas de conducta y los fundamentos educativos futuros.

En sociedades en las que impera una cultura de inclusión sin diferenciación por género, se vive la paternidad como si fuera la maternidad de nuestros países latinos y los papás cuidan, alimentan y educan a sus hijos sin que ello ponga en riesgo la economía familiar o la estabilidad emocional de las familias. Por lo tanto, sería interesante preguntar a nuestras autoridades la razón por la cual los hombres no ejercen la educación en este nivel tan estereotipado.

Tal vez existan muchos hombres que deseen ejercer en preescolar pero no se animan por temor a ser mal vistos, situación que desde luego debe cambiar.

¿Acaso los formadores de las educadoras no son de ambos sexos?

Para ser educador hay que sentirlo, no importa el sexo, hay que apasionarse de la labor.