¿Pegar para educar?

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Hasta no hace mucho tiempo se tenía la falsa idea de que para educar a un hijo era necesario propinarle un par de cachetadas, pellizcos, jalones de orejas y cabello o cualquier otro tipo de golpe. Nada más falso que esto. Sin embargo, esto era parte de la rutina de muchas familias y escuelas; incluso, de muchas de estas últimas surgió el lema de que “la letra con sangre entra”.

Lo más triste del caso es que a pesar de que los psicólogos insisten en que la violencia no se justifica de ninguna manera, aún en nuestros días esta conducta continúa presentándose.

Pegar a los muchachos no es más que el reflejo del deshago de los padres o el camino más corto que han tomado al no saber cómo educar a sus hijos. Lo que algunos papás dicen es que es mejor dar una cachetada a tiempo antes de que ya no pueda haber control. No obstante, hay que aclarar que a los niños no se les puede educar a golpes.

Al maltratar a un niño por portarse mal, sólo se le estará enseñando a vivir con miedo a que puedan volver a lesionarlo, pero de ninguna manera le hace reflexionar, entender y reconocer que lo que hizo no fue bueno.

Algunos problemas más que a futuro se pueden desprender de estas acciones inaceptables son: reacciones violentas y agresivas en el chico o también incapacidad para defenderse, baja autoestima, dificultades para relacionarse, falta de comunicación con sus padres, la mentira para evitar el castigo o la repetición de este patrón de comportamiento con los que algún día serán sus hijos.

Este es un mensaje para los padres: Eduquen a sus hijos con límites pero a través del razonamiento, la lógica, la comunicación y el amor y jamás con agresiones de este tipo. Si no es posible lograr lo anterior hay que acudir de manera urgente a terapia. Nunca es tarde para corregir el camino, pues un golpe, bajo ninguna circunstancia, es una forma aceptable de resolver un conflicto.

La importancia de poner límites a los hijos

La ausencia de límites dentro de la familia simplemente puede traer consecuencias nefastas para la educación de los hijos y por ello es necesario explicar a los padres el por qué es bueno decir que no.

Cuando se trata de niños pequeños los papás tienden en ocasiones a tolerar algún llanto ligero o a recibir cierta negativa cuando se le pide hacer cierta cosa al chico. No obstante cuando la situación se sale de control y la actitud se convierte en desobediencia total y berrinches es necesario mantener una actitud firme; de esta forma el menor se da cuenta que lo que se hace es por su bien.

Una delas principales preocupaciones de los padres es la de no ser demasiado estrictos para no traumatizar a sus hijos. Y esto no es así, ya que a los niños sólo les pasa esto cuando alguien les hace daño de verdad, ya sea físico o psicológico. Pero cuando los papás le imponen un castigo educativo, limitan su conducta o le prohíben ciertas cosas por su bien, jamás habrá problema.

La diferencia en el caso de los adolescentes radica en que conforme se van haciendo cada vez mayores, cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen, aunque nunca es tarde para lograr buenos resultados a través de algunos consejos como los siguientes:

  1. Expresar reconocimiento al hijo adolescente cuando éste consigue comportarse como es debido.
  2. Darle cierto margen de decisión en el momento de organizar las tareas que debe realizar.
  3. Ser muy consistente y firme; por ejemplo,  si la norma es hacer los deberes antes de jugar playstation, es importante ser inflexible y no cambiarlo nunca, incluso si el muchacho llega a casa con amigos. Cuando el joven aprende que no vas a ceder, dejará de insistir, ya que de lo contrario, cuestionará no sólo esta regla repetidas veces, sino otras también.

¿Cómo saber si mi hijo está siendo acosado en la escuela?

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El bullying o acoso escolar es una forma de maltrato reiterada que se produce entre estudiantes y es una situación muy grave que incluso puede provocar el suicidio de quienes lo padecen. Debido a la magnitud del problema es muy importante detectarlo a tiempo, aunque en muchos casos no sea tan fácil hacerlo. Por lo general las víctimas suelen ocultar la situación tanto a sus padres como a sus maestros; no obstante, existen una serie de señales a considerar que son los primeros focos rojos o indicadores de abuso.

Por ejemplo, si un chico muestra un cambio de ánimo o si se advierte que está más triste de lo normal sin que haya una causa aparente, lo recomendable será hablar con él para averiguar si se debe a alguna dificultad con sus compañeros de clase.

Por otro lado, si se niega a ir a la escuela e inventa enfermedades para quedarse en casa o pone objeciones absurdas también puede ser otro síntoma de alarma.

De igual forma si llega a casa con moretones o heridas frecuentes y de pronto comienzan a desaparecer sus objetos personales o su dinero y no es capaz de explicar por qué ocurre eso, o si ya no mira a sus padres a los ojos por temor a ser descubierto, habrá que pensar seriamente en la existencia de bullying.

Si se requiere mayor información puede consultarse la página:

www.fundacionenmovimiento.org.mx